La obesidad se ha convertido en uno de los principales problemas de salud pública del siglo XXI. Según la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO) y la Organización Mundial de la Salud, la prevalencia de obesidad ha aumentado de forma significativa en las últimas décadas, afectando a millones de
personas en todo el mundo.
Lejos de ser únicamente un problema estético o de peso corporal, hoy sabemos que la obesidad es una enfermedad crónica, compleja y multifactorial que puede tener importantes repercusiones sobre la salud. Factores genéticos, hormonales, metabólicos, psicológicos y ambientales participan en su desarrollo. Además, los cambios en el estilo de vida, la alimentación y el sedentarismo han favorecido su aparición.
¿Por qué la obesidad es un problema de salud?
La obesidad no solo implica un aumento del peso corporal. El exceso de tejido adiposo, especialmente a nivel abdominal, produce alteraciones metabólicas que aumentan el riesgo de múltiples enfermedades.
Entre las complicaciones más frecuentes asociadas a la obesidad se encuentran:
● Diabetes mellitus tipo 2
● Hipertensión arterial
● Dislipidemia (aumento del colesterol y triglicéridos)
● Enfermedad cardiovascular
● Apnea obstructiva del sueño
● Hígado graso metabólico
● Artrosis y dolor articular
● Mayor riesgo de algunos tipos de cáncer
Por este motivo, las guías médicas actuales consideran la a obesidad como una enfermedad crónica que requiere tratamiento médico, al igual que otras patologías metabólicas.
Cómo se diagnostica la obesidad
Uno de los parámetros más utilizados para evaluar el peso corporal es el Índice de Masa Corporal (IMC). El IMC se calcula dividiendo el peso en kilogramos por la altura en metros al cuadrado. Según los criterios establecidos por la Organización Mundial de la Salud y utilizados en las guías clínicas españolas:
● IMC entre 18,5 y 24,9: peso normal
● IMC entre 25 y 29,9: sobrepeso
● IMC igual o mayor a 30: obesidad
Sin embargo, actualmente se recomienda complementar esta medición con otros parámetros, como el perímetro abdominal, ya que la grasa acumulada en el abdomen se asocia a mayor riesgo cardiovascular.
El perímetro abdominal permite estimar la probabilidad de aparición de enfermedades cardiometabólivas.
El perímetro abdominal y el riesgo cardiometabólico
El perímetro abdominal permite estimar la cantidad de grasa visceral (grasa que se acumula alrededor de los
órganos). Esta grasa tiene un comportamiento metabólico activo y se relaciona con mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares y metabólicas.
Los valores de referencia utilizados en las guías clínicas indican que existe mayor riesgo cuando el perímetro abdominal es:
● Mayor de 88 cm en mujeres
● Mayor de 102 cm en hombres
Cuando estos valores se superan, aumenta significativamente el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, hipertensión y enfermedad cardiovascular.
En conclusión, la obesidad es una enfermedad crónica y multifactorial que representa uno de los mayores retos de salud pública en la actualidad. Más allá del aumento de peso, el exceso de grasa corporal —especialmente abdominal— se asocia con un mayor riesgo de desarrollar numerosas enfermedades metabólicas y cardiovasculares.
Por ello, su prevención, diagnóstico precoz y tratamiento integral, que incluya cambios en el estilo de vida y seguimiento médico, son fundamentales para mejorar la salud y la calidad de vida de la población.
Dra. Johanna Montiel – Especialista en Medicina Interna – Experta en Obesidad y Metabolismo
http://www.dramontiel.com